
El barrio de La Peña, desde las presas de la Isla de San Cristóbal hasta los altos de Montefuerte, era un idílico caserío de huertos y molinos, la Puebla del Ibaizabal. El desarrollo de Bilbao, la industria y la minería, sin embargo, impusieron nuevas necesidades: tajos, talleres, canales, presas... Viviendas para los obreros. Y finalmente, parques para el disfrute y esparcimiento de sus vecinos y vecinas: Ibai-Eder, Parque de Europa, Miraflores...


La falta de suelo apelotonó fábricas y casas. La carestía de las viviendas obligó a muchas familias a ocupar el monte y levantar chabolas: Hirsuta, junto a las vías, desapareció pronto; a finales de los 70, las torres de viviendas de Santa Isabel y los bloques obreros de Ollargan desalojaron las casitas baratas. Buia fue más ordenada y permanece en pie.


La vivienda siempre ha sido un bien de difícil acceso. Con el cierre de muchas fábricas y talleres y el fin de las explotaciones mineras, La Peña vivió un boom de nuevas construcciones para acoger a los vecinos de las viejas chabolas y a los recién llegados al barrio. Hoy en día empieza a trepar por el Arnotegi nuevamente.

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